Bombo en Negras para Tus Oídos
algunas cositas que decir...
20.7.11
Para qué...?
Sentado en soledad, pienso frente a mi escritorio. Tantas ideas, tantas creaciones, tantos análisis, tanto tantos... ¿para qué?.
¿Podemos equilibrar nuestro ego con el desempeño de comunicar a otros lo que sabemos?. Compartir el conocimiento, la experiencia, los resultados, los caminos para nosotros posibles, las satisfacciones, las adversidades ¿podemos contra nuestro propio instinto de la nueva era?.
Todo es ahora, todo se consume rápido, solo perdura quien se adapta, solo perdura quien está en la linea del frente de lo que las manos grandes te dan para que uses, para que vistas, para que comas pero ¿donde queda el compartir? compartir el SABER.
Todo es "ser egos populares", que nos conozcan por lo que elegimos que nos conozcan, lo queremos y por ello lo compartimos pero qué compartimos: vanidad, ego, materia, superficialidad.
Esa integración de la persona física en un entorno inmaterial que circunde como un universo paradisíaco de comunicación, sin comunicar lo verdadero de lo que somos, donde nuestras lagrimas no mojan, donde nuestra vergüenza no es rojiza, donde nuestro placer no es un esbozo de satisfacción, donde nuestra risa no retumba entre las paredes.
Una era de "mega-comunicación", si cada vez hablamos menos, nos posteamos más ¿acaso somos carteles? cual notas pegadas en una heladera con las compras del día después. "Todo para estar más comunicado", si ya no abrazamos solo "nos gustamos", un grito de aliento en un momento difícil es una "notificación".
Entonces ¿qué es lo que compartimos? ¿qué es lo que comunicamos? nos comunicamos NADA, porque no compartimos NADA, somos solo publicaciones, y como tales, no podemos oír.
No somos sentidos, no somos sentimientos, no somos experiencia, somos resultados y análisis de ese universo paradisíaco en el que quieren que vivamos y que no nos pertenece.
¿Podemos equilibrar nuestro ego con el desempeño de comunicar a otros lo que sabemos?. Compartir el conocimiento, la experiencia, los resultados, los caminos para nosotros posibles, las satisfacciones, las adversidades ¿podemos contra nuestro propio instinto de la nueva era?.
Todo es ahora, todo se consume rápido, solo perdura quien se adapta, solo perdura quien está en la linea del frente de lo que las manos grandes te dan para que uses, para que vistas, para que comas pero ¿donde queda el compartir? compartir el SABER.
Todo es "ser egos populares", que nos conozcan por lo que elegimos que nos conozcan, lo queremos y por ello lo compartimos pero qué compartimos: vanidad, ego, materia, superficialidad.
Esa integración de la persona física en un entorno inmaterial que circunde como un universo paradisíaco de comunicación, sin comunicar lo verdadero de lo que somos, donde nuestras lagrimas no mojan, donde nuestra vergüenza no es rojiza, donde nuestro placer no es un esbozo de satisfacción, donde nuestra risa no retumba entre las paredes.
Una era de "mega-comunicación", si cada vez hablamos menos, nos posteamos más ¿acaso somos carteles? cual notas pegadas en una heladera con las compras del día después. "Todo para estar más comunicado", si ya no abrazamos solo "nos gustamos", un grito de aliento en un momento difícil es una "notificación".
Entonces ¿qué es lo que compartimos? ¿qué es lo que comunicamos? nos comunicamos NADA, porque no compartimos NADA, somos solo publicaciones, y como tales, no podemos oír.
No somos sentidos, no somos sentimientos, no somos experiencia, somos resultados y análisis de ese universo paradisíaco en el que quieren que vivamos y que no nos pertenece.
17.9.10
La poesia de la adolescencia
Que rara se torna la energía de los ambientes cuando vivimos con un adolescente. Pareciera que los cuartos se expanden y se contraen arrasando con todo ser y objeto que transite en el o los momentos menos esperados, siempre.
¿A dónde van los adolescentes?
Si las cosas que les duelen no son gritos de aturden a la masa. Si no podemos entrar en sus mundos que tiene leyes inconprensibles a la realidad.
¿Dónde están esos lugares a los que no se pueden entrar? Como si el gran pasaporte excluyente a esa entrada adornada de dudas, fuera la propia condición de adolecer o quizás carecer de esas exigentes y entrañadas premisas de confusión.
¿Cómo se llama ese código implícito que tienen? Ya no lo sabemos, resignados a saber que no sabemos qué es. Perdidos en esa red mas grande en la que nos encontramos todo el tiempo sin saber que ese lugar es eso, ese lugar por el cual queremos encontrarlos.
Queremos dar con el resultado de una cuenta que nunca se resuelve, un cuarto que no tiene medidas, a veces tiene ventanas o a veces puertas que cuando al fin parecemos estar decididos a cruzarla solo rascamos una porción de pared sin revestir, gris como el día mas nublado.
Pero es que estuvimos ahí, nunca nos dimos cuenta cuando entramos ni cuando salimos, solo creemos recordar como fue ese escenario tan realmente parecido a la mismísima escalera con forma de caracol que conecta paraíso con infierno.
Las palabras no tienen significados, ni siquiera se piensa en significantes. Los sentidos son meras transiciones para el animo. La compañía silenciosa como un abismo se siente mas calido que un gesto humano que intente llegar abatir una razón ilógica que, comprada y más creada por una mente inconsciente – inocente a la que le duele todo!.
Ese destino inconcluso al que ya no pertenecemos solo viaja en sus cuerpos, en sus pensamientos, en sus sentires. En un silencio mortuoso que solo a ellos los aturde como un cuchillo sin filo que los hace agonizar sin matarlos.
Pero… hagamos voto a la memoria de aquellos años. Si intentamos llegar a aquel lugar desde aquí, desde nuestros años tal vez podamos llegar a dar con el recorrido que transitamos cuando desembarcamos allí, alguna vez, en nuestros años más golpeados. Cuando los golpes no los veían quienes a los que ahora nos parecemos. Donde el corazón saltaba de alegría y se moría de tristeza en un instante y se arrugaba de bronca para desenvolverse sobre la cama del encuentro con la calma que otra vez se volvía de clavos.
Pero entonces… ¿¿a dónde van los adolescentes??... van hacia allá!
No los vamos a encontrar si no los buscamos… allá, allá!, Allá!.
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